Laísa Santos vive en una comunidad rural de 350 habitantes. Es maestra y forma parte de un grupo de mujeres artesanas que promueve el desarrollo sostenible. Su oposición a la industria maderera le ha ocasionado un riesgo considerable en una región donde la explotación ilegal de la selva es habitual.
En mayo de 2011 su hermana y su cuñado, que hacían campaña contra la explotación maderera ilegal, murieron por disparos de pistoleros a sueldo.
Laísa ha recibido amenazas de muerte similares a las que recibieron ellos antes de ser asesinados.